Siempre en la mañana se cuadraba todo, al llegar él siempre me estaba esperando, íbamos rumbo a su apartamento, donde vivía con su pareja, su pareja que no supero nunca mi existencia unos años atrás, aquella que me odio y se encargo de mantenerme vivo. Yo con un novio el cual pasaba sus tardes en clases y amaba ser un perfecto cabrón.
Al bajarme de su carro y entrar al apartamento comenzaba a sentir aquel susto que se definía en tensión sexual, me daba full morbo acostarme en esa cama que él compartía con su pareja, aquella que probablemente tuviera el sudor de muchos, pero el mas importante era el mío.
Nos hacíamos sexo oral en la mejor posición de un buen 69 y él tocaba mi ano, inmediatamente le pedía que me penetrara, disfrutaba cuando se ponía sobre mi y lo hacia con sus mejores ganas olvidándose que estábamos en la cama de su pareja y que yo tenia un novio, todo era acompañado del intenso morbo de la infidelidad.
La confianza nos acompañaba y el morbo de la infidelidad nos ayudaba a olvidarnos de todo y mientras estaba sobre él, ese morbo me daba vida y me hacia disfrutar que revivía una historia que tuvo inicios tiempo atrás, que sentir el dolor de su verga en mi, no era dolor sino satisfacción que podía llenarme mas de lo que mi noviazgo me llenaba.
No era bonito, era carnal pero mantenía la historia que se vivió en un pasado y le daba aquel toque de romance que lo hacia mas inolvidable, mientras terminaba dentro de mi, la manera de tocarme seguía devolviéndome a lo que en algún momento se vivió y se vivía.
Tener su verga adentro me permitía sentirme libre y a gusto conmigo mismo, porque era el único momento en mi vida donde podía hacer lo que quería y sentirme libre, cuando veía su cara quería pasar el resto de mi vida siendo infiel pero teniéndolo a él siempre dentro de mi.
Al terminar todo volvíamos a la realidad y usábamos nuestras mejores mascaras de descarados siendo otros con nuestras parejas, haciendo caso omiso a lo que sucedió y solo respaldaba nuestra conciencia.
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