domingo, 17 de abril de 2011

En el ascensor

Tan solo viéndote y con unas cervezas encima tenia la boca hecha agua, pensando en lanzarme sobre ti y besarte, la manera en la que tu perfecta sonrisa me convence suele ser única, aun mas cuando imagino tu barba pasando por mis labios e irritándome.

Llego la hora de irnos y a su vez el deseo desesperado por tus pequeños labios aumentaba en mi, esperábamos el ascensor y la tensión sexual entre ambos ya comenzaba a sentirse, mis labios estaban resecos y no quería pensar lo que podía hacer, sin embargo intentábamos hablar un tema absurdo, pero el alcohol hacia buen efecto y nuestro deseo se estaba despertando.

Entramos al ascensor e inmediatamente me recostaste de una esquina, subimos y bajamos todo el edificio y luego nos detuvimos mientras nos besábamos como si nos comeríamos vivos, tu barba pasaba por mi cuello y detrás de mi oreja, y de una quería que me lo hicieras todo en la esquina del ascensor, inmediatamente me tome el atrevimiento de meter la mano por tu pantalón y sentir que todo estaba tan duro como me gusta, sentía el vello púbico y la verga dura.

Mi boca se hizo agua o se aguo mas, pero insistía en besarte con deseo y desespero mientras mantenía mi mano dentro de tu pantalón hasta que no me contuve y tuve que sacarlo del pantalón, tu estabas cohibido, sin embargo lo sacaste, obligándome a arrodillarme en el piso de goma de aquel ascensor y que lo metiera todo en mi boca mientras usaba la lengua para dar un sutil masaje.

No duro mucho, pero si lo necesario como para reafirmar que mis mamadas te llevan al cielo, luego te lo guardaste, mientras seguí besándote hasta que alguien llamo el ascensor, y todo nuestro deseo desenfrenado fue interrumpido, pero el morbo y el susto de hacerlo donde no debíamos nos quedo y lo disfrutamos.

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Debajo de la ropa

Es impresionante cuando todo se mantiene bajo el manto del misterio, meses hablándote, escribiéndote, imaginándote hasta que por fin llego el momento, te vi, pero la emoción fue aquella que suelo tenerle gran temor, me fuiste indiferente…

Inicialmente lo que detalle fue tu barba poblada, algo que puede generarme morbo con solo darle rienda suelta a mi mente imaginando como esa barba recorre toda mi espalda. Luego observe que de tu franela se escapaba el pelo de tu pecho, mi mente fijo el objetivo y coloque en ti la etiqueta de que cuando pasaría seria muy bueno.

El tiempo lo permitió y llego el momento, horas de besos, recostón, mucho roce y tocando sobre la ropa lo que se escondía debajo, pero ya era necesario ver que se escondía debajo de tanta tela, impresionante fue ver cuan velludo eras y lo perfecto que lucia tu cuerpo lleno de tanto pelo. Me excité con solo sentir que tu cuerpo hacia contacto con el mío y que lo único que estaba por medio era tanto pelo; eso me hizo lubricar hasta el cansancio y que en media hora estuviera mas mojado que nunca.

Me excito mas que lo pasaras por toda mi espalda, llenándome de escalofríos, tuviste la dedicación de darme un masaje, cosa que sabré apreciar porque fue lo que hizo me en pocos segundos no me contuviera y tuvieses que usar un preservativo para de inmediato estar sobre ti y moverme mientras ponía mi mejor cara de pervertido la cual te generaba mucha gracia.

El polvo no fue lo máximo, lo máximo fue la intensidad con que nos besamos, la intensidad con que nos tocábamos, eso fue lo intenso, el misterio que existía en saber que se escondía debajo de la ropa, y realmente saber que había debajo de la ropa fue el completo placer, saber que tanto había esperado por eso y ya lo tenia, adentro de mi, en mi boca, en mi ano, en mis manos y por toda mi blanca piel… La cual se erizó completamente cuando tus acabadas de chorro caían en mi espalda.