Nunca me había parecido grato entrar a esa luncheria, pero aquella mañana entre a comprar un jugo de naranja, el muchacho blanco, delgado, alto y bien parecido que me recibió en la caja al cancelar fue muy receptivo; dejando en claro su atracción al sonreirme de manera pícara, mirándome de manera retadora y agarrándose el bulto.
El mismo día al salir del trabajo pase por el local nuevamente, compre un agua y mientras cancelaba el muchacho me comentó en susurro que lo esperara en una de las salidas del local. Estando fuera él salió y me invitó al acceso del deposito. Al entrar se oía el ruido de la cocina, se veía una puerta a algún cuarto y el olor a fritanga estaba presente, en baja voz me dijo que pasáramos al cuarto, un deposito donde solo habían estantes con cajas y envases, el espacio era reducido y hacia demasiado calor. Al encerrarnos me dijo "tienes protección?" y sin dudarlo saco su rosada verga, la agarré y la observé, la olía de arriba a abajo hasta que la metí en mi boca.
Mientras estaba en mi boca él se movía, yo la llevaba hasta mi garganta y recordaba los años de infante cuando me chupaba el dedo, con mi lengua se la acariciaba y solo veía como cerraba sus ojos de placer. Se excitó tanto que me agarró por el cabello y me puso de pie, bajándome el pantalón y sacando de su bolsillo "la protección" para ponerla en su verga. Yo puse mis manos en la pared y estando de pie metió sus dedos, sin pensarlo de seguido su verga, haciéndolo duro, quizás para disfrutarlo, o tal vez para causarme dolor. Mi respiración se aceleraba y mis gemidos estaban diciéndole cuanto me gustaba, él intentaba callarme besándome.
Yo lo disfrutaba mientras él no dejaba de tocar mis nalgas y morder mi espalda, al acabar me abrazo fuerte y me pidió que me volteara, mientras se metía mi verga y me hacia acabar en su boca. Al terminar estábamos bañados de sudor, nos dimos unos besos y me dijo al oído que jamas le habían mamado la verga como lo hice. Al salir del deposito mi cara de culpabilidad era notoria y ese susto de hacer algo posiblemente indebido me invadía.
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