Esa tarde estaba apreciando la tosca brisa tormentosa, observando cómo podía hacer que cediera ante ella grandes árboles, que sin importarle nada podía llevarse por medio todo lo que deseara, sintiendo como tropezaba con mi rostro de manera sutil y fresca, era admirable semejante poder natural. De igual manera esperaba la llamada de ese hombre que por mucho tiempo me ha ofrecido un excelente sexo casual. Un gran moreno, con un cuerpo grande, propio para dejarse ser penetrado por él, quien su presencia no suele ser grata en un día común para mí, pero admito, que el recelo que pueda tenerle, es quien despierta el morbo entre nosotros.
Justamente así fue, me llamo, y cuan sediento del morbo propio de la situación decidí a ir a su casa. Al llegar lo vi que estaba erecto sobre el pantalón, sin duda no tenia ropa interior, su verga realmente armaba una carpa. Entre directo a su habitación y al estar sobre su cama aquella verga morena fue exhibida mientras mis ganas estaban a millón.
Me senté en la cama y él se mantuvo de pie, comencé dándole una mamada como siempre lo he hecho, succionando todo, disfrutando eso que prontamente estaría dentro de mí, en unos minutos se recostó en la cama y yo continuaba, lamia su entrepierna, sus testículos los metía en mi boca jugando como si fueran un caramelo. Chupaba y acariciaba su próstata desde afuera, sin esperarse me pidió permiso para ponerse de pie.
Yo continúe en la cama mientras me pidió voltearme y ponerme en posición para penetrarme tomándome por la cintura y bajándome un poco, primero introdujo un dedo, lo movía dentro de mí lentamente, luego lo hizo con dos y después con tres. Yo comenzaba a sentir aquel dolor que suele dar ese placer. Su verga comenzó a entrar y lo hacía despacio, no entraba por completo, y mientras dolía me hacía más fuerte para tolerar aquella verga gruesa y grande.
Al estar adentro lo hacía muy sutil, con gran masculinidad acariciándome las nalgas como si fueran de su propiedad. Apretando mi cintura para no dejar que su verga se saliera, se movía de manera lenta y capaz de que disfrutara todo lo que hacía, mientras que con mi mano por debajo podía ver que tan completo podía estar todo adentro, sentir sus testículos y como entraba y salía esa verga que por tanto tiempo me ha gustado. Quería venirse y no se contuvo, sacando su verga y terminando en toda mi espalda mientras yo lo hacía por debajo… Sus sabanas se ensuciaron, pero creo que fue el precio que pudo pagar por tener algo que siempre le ha gustado.
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